Se sentó enojada, con los puños cerrados y llorando dijo:
*Legue a mi casa y mi hermana se había metido en mi cuarto para ¨organizarme¨ el ¨desastre¨ (según ella) en el que vivo.
Sentí como si hubiera entrado un ladrón a robarme algo.
Robó mi libertad, mi capacidad de elegir qué quiero o que no quiero hacer.
Cuando le pregunté por qué lo había hecho, a los gritos, recordándome a mi madre, expreso argumentos con los cuales no me identifico.
Hoy me pregunto, ¿por qué nos cuesta tanto aceptar los ritmos y las elecciones de otras personas? *
Sugerencia: Es más fácil, más respetuoso, mal liviano, más sano, entre otras cosas, ocuparnos de nuestras vidas 100 %.