Ella a quien llamaré Liliana, vino a visitarme. Hacía por lo menos 20 años que no nos veíamos.
Cuando me acerqué al portón a abrirle, sólo vi apenas unos cambios físicos mínimos propios de la edad. Pero había algo que estaba intacto: SU SONRISA
La charla, que tuvo algunos momentos del pasado, llegó al presente, y cuando le pregunté, ¿y qué haces?, ella contestó: NADA, ahora no hago NADA, después de jubilarme solo viajo.
Liliana tiene 60 años, hijos adultos, nietos y un novio; pero lo que me maravilló, es que sobre todo tiene: UNA VIDA PROPIA
P.D: Gracias Lili, me hizo muy bien verte, compartir ese rato, guardarme tu sonrisa y más que nada tu valioso ejemplo
