Ella guarda debajo de su almohada un pan, que comerá de a miguitas, durante todo el día, porque no tiene otra cosa.
Ella ayuda a su mamá con sus dos hermanos menores, porque el gobierno se llevó a su papá.
Ella emigra a la Argentina, muerta de miedo y de esperanza.
Ella ahora tiene en su alacena muchos paquetes de harina, fideos y latas de tomates.
Ella no tira ni un restito de comida a la basura; es una experta chef en convertirlo en otra comida.
Ella no puede escuchar el sonido de ningún avión que pase cerca.
Ella se altera si por casualidad aparece en la tele alguna película de guerra.
Ella afirma que las guerras son la muestra máxima de intolerancia, odio y locura humana, y que siempre pierden los inocentes.
Ella es mi madre, Caterina, para todos, Catita.
PD: Aún en otro plano, sigue siendo ¡LA GRAN MAESTRA DE MI VIDA!
