Él tiene 2 años. Ayer mientras barríamos el patio encontramos un sapo detrás de una maceta. Pasamos una hora mirándolo.
El aprendió cómo son sus ojos achinados, como salta, como saca la lengua, como busca la sombra, como come hormigas… y yo…. lo recordé de mi infancia.
Entonces me pregunté: ¿A quién elijo regalarle mi tiempo?
Prefiero regalárselo a los amores de mi vida y no a un teléfono que sólo intenta que no piense, no sienta y encima, que les compre lo que ellos me quieren vender.
